Estos días en Londres y otras capitales europeas, y en algunas ciudades españolas, los autobuses públicos muestran mensajes publicitarios que abogan por la existencia o inexistencia de Dios. El tema es viejo, tan viejo como la polémica por aclarar cual es el Dios "verdadero". El problema de la existencia de tal ser no se ha aclarado hasta el presente y me temo que va para largo, como la solución del problema israel-palestina.

Pero los creyentes tienen muy claro cuál es su dios verdadero y se juegan la vida por defender su opinión al respecto. La historia de la humanidad nos muestra una sucesión indefinida de guerras de religión con millones de muertos.

Al parecer hay pocas personas que tengan su propia religión, la mayoria se afilian a una de las que hay en el mercado de las creencias superticiosas, donde la competencia es feroz. No hay cosa que disguste mas al comerciante que la crítica del producto que vende, sobre todo si el mismo duda de su calidad.